CAPITALISMO

      Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

      DE GÉNERO

      Iñaki Gil de San Vicente


      5-3).- CIUDADANÍA EUROPEA MASCULINA Y NACIONES OPRIMIDAS:

      Es obvio que no podemos hacer ahora un análisis de cómo las respuestas de salida tanto del sistema partriarco-burgués como del patriarco-"socialista" a sus respectivas crisis han terminado ayudando a la recuperación del capitalismo. Y no podemos hacerlo porque, por una parte, como hemos intentado explicar anteriormente, la contabilidad y la propia economía política burguesa están diseñadas para invisibilizar y ocultar, o tergiversar totalmente, los datos reales de la aportación del trabajo de las mujeres; por otro lado, además, la recuperación del orden material y simbólico capitalista moviliza fuerzas sociales complejas, muchas de ellas irracionales y subterráneas, cuyos efectos emergen a la superficie de manera distorsionada al cabo de los años, lo que dificulta aún más el análisis y, por último, en el caso del hundimiento de la URSS, las dificultades se multiplican no sólo por las diferencias de todo tipo, sino también por el grado de corrupción, descomposición y doble contabilidad práctica existente en su economía, y una muestra más de su alejamiento de los proyectos socialistas iniciales. De todos modos, reconociendo estas dificultades, sí nos parece innegable que esas reacciones frecuentemente feroces del machismo para reafirmar su supremacía de género, ha ayudado sobremanera al capitalismo a capear y solucionar sus crisis sucesivas,

      Por ejemplo, la alianza reaccionaria entre la burguesía independentista norteamericana y la fracción probritánica tras la victoria sobre el ejército ocupante en 1783, alianza que no tuvo en absoluto en cuenta el papel y las reivindicaciones de las mujeres, permitió una solidez disciplinadora imprescindible para asegurar el inicio el expansionismo yanki. El caso de la revolución francesa es aún más clamoroso, con la represión y muerte de las dirigentes feministas, y con el patriarcal Código Napoleónico posterior, y del orden patriarco-burgués instaurado en 1815 en casi toda Europa y que garantizó la explotación de las clases trabajadoras aproximadamente medio siglo. Otro tanto hay que decir de los regímenes de terror o de fuerte autoritarismo y consevadurismo con los que las burguesías europeas respondieron a la oleada de revoluciones y de emancipación socialista de la mujer iniciada en 1917, sin olvidar las diferentes leyes de control o represión del movimiento obrero y del feminismo socialista anterior a 1914. De igual modo, la descarga sobre las mujeres del grueso de los costos y sufrimientos de la crisis capitalista iniciada a finales de los sesenta y comienzos de los setenta, ha supuesto al capitalismo actual sobreganancias inestimables. Analizado el problema desde esta perspectiva larga, es incuestionable que el capitalismo ha obtenido enormes fuerzas de recuperación de sus crisis mediante el uso, y mediante la fría provocación desde sus instrumentos ideológicos y propagandísticos, de la ira masculina ante la emancipación de las mujeres.

      Más aún, actualmente el capitalismo europeo está jugando a la doble baza de, por un lado, potenciar una "ciudadanía europea" que haga de cemento ideológico y legitimador de la UE y, por otro lado, potenciar soterradamente la recuperación de valores machistas propios de nacionalismos patriarco-burgueses que refuercen los intereses reaccionarios de las burguesías estatales. Maniobra doble que busca provocar

      efectos alienadores acumulativos sobre las identidades colectivas, las producciones culturales, los procesos de integración de las clases trabajadoras en Europa y, como síntesis, en la demagogia propagandística de la Unión Europea como una "casa común" en la que pueden convivir "ciudadanos" carentes de género y de identidad colectiva, de identidad nacional, de identidad de clase, etc. Es decir, se intenta crear una ficción sobre la "ciudadanía europea" abstracta, que oculte la dominación del capitalismo germánico en primer lugar, dentro de la dominación del sistema patriarco-burgués , y, apoyado en ambos, la dominación de los Estados particulares sobre sus pueblos tanto propios como sobre los que ocupan e invaden, como es el caso de Euskal Herria y varios más. Una ilusión alienadora sobre una "ciudadanía europea" que no existe por ningún lado y que sirve al capitalismo europeo para reordenarse jerárquicamente alrededor de la hegemonía alemana, supeditando a los demás poderes estatales y estableciendo una cadena de opresiones y explotaciones en la que al final son las mujeres de las naciones y grupos étnicos oprimidos que carecen de recursos políticos propios para defenderse, las que padecen todas las cargas y costos.

      Esta "ciudadanía europea" es una creación netamente patriarco-burguesa aunque sean las opciones político-sindicales reformistas, del espectro socialdemócrata la mayoría y después las ex -"comunistas", las que más empeño pongan en divulgarla, y, en el tema que nos concierne, está sirviendo para echar definitivamente al olvido todas las posibilidades teóricas y prácticas de emancipación de la mujer abiertas en el período que va de mediados de los sesenta a comienzos de los ochenta. Dicho de otro modo, mientras que entonces se cuestionó desde múltiples perspectivas la opresión de la mujer y, en muchas de ellas, se mantuvo una continuidad teórico-crítica con las luchas de emancipación surgidas en el siglo XIX, o antes incluso, ahora, al calor de la reacción masculina, todo eso está siendo borrado o sumergido bajo el océano de la "ciudadanía" abstracta en la que la mujer desaparece como ser especialmente explotado. Interesa insistir en que el grueso del esfuerzo legitimador de la "ciudadanía" proviene del reformismo porque ayuda a comprender que, por un lado, se mantenga la apariencia de respeto a las mujeres mientras que en la realidad se produce una involución machista en todos los sentidos y, por otro lado, explica el callejón sin salida en el que se ha metido la corriente feminista que, con buena intención, centra el grueso de su actual militancia en la conquista de la "ciudadanía" por la mujer.

      Así, contradictoriamente, mientras las burguesías europeas de la UE azuzan ellas mismas o dejan que lo hagan los grupos de extrema derecha, racistas, nazi-fascistas y misóginos, los peores sentimientos del nacionalismo patriarco-burgués de cada Estado dominante, manipulando a sus clases y mujeres como peones cieg@s en sus transacciones internacionales y volviéndolas contra l@s emigrantes y las naciones que esos Estados ocupan e invaden, mientras sucede así las corrientes reformistas parlotean en el vacío sobre una "ciudadanía" que no tiene ningún derecho práctico. Por debajo de esa contradicción, y protegida por las superficiales escaramuzas reformistas, avanza la reacción masculina reforzando su identidad de género. La verdadera contradicción, sin embargo, no es la anterior, la creada por la demagogia reformista, sino la que va creciendo entre esta recomposición del machismo y las prácticas de muchas mujeres que forzadas por la mercantilización capitalista, por el agotamiento del marco familiar para dar responder a las nuevas demandas, etc., intentan avanzar en su emancipación. Esta contradicción de fondo se libra, además, dentro de las estrategias de las burguesías para aumentar las tasas de natalidad y para desplazar sobre las mujeres no sólo los costos de esa política natalicia sino también los de las medidas antiobreras.

      En este contexto, la manipulación sorda que las burguesías hacen del racismo y de la xenofobia, la pervivencia de viejos recelos y hasta rechazos, por no decir odios seculares, entre pueblos y culturas europeas que no han olvidado los traumas de guerras y genocidios no tan lejanos, o sea, esta innegable presencia de las identidades de fondo de los pueblos -que se constata una y otra vez en los sucesivos eurobarómetros- no hace sino reavivar parcialmente algunos de los viejos valores machistas que reaparecen bruscamente dentro de nuevas formas. Esta "vuelta del pasado", que se aprecia ya crudamente hasta en la violencia en los deportes de masas e incluso de élite cuando juegan selecciones estatales, reactiva buena parte de los viejos valores machistas de violencia sexista, racista y autoritaria. A la vez, semejante resurgir se apoya en la industria pornográfica que sostiene el consumo erótico de masas y que con su penocentrismo agresivo envalentona la apabullada identidad masculina. La desestructuración de la unidad espacio/temporal de las clases trabajadoras anteriormente vista, la desaparición de la URSS como referentes para viejos militantes stalinistas, el giro de la socialdemocracia aún más hacia el centro-derecha con la excusa de la "tercer vía", estos y otros cambios sociopolíticos de envergadura multiplican los vacíos y la precarización existencia. ¿Nos debe extraña entonces que resurjan comportamientos brutales, sexistas, racistas y reaccionarios? No, lo que debiera extrañarnos es que existiendo las condiciones objetivas para ello no hubieran surgido.

      El actual capitalismo europeo necesita más los componentes machistas de las culturas existentes en la UE, que una "ciudadanía". No afirmamos que esta segunda le sobre, no, afirmamos que le viene bien pero que mejor le vienen los comportamientos autoritarios de las masas masculinas que recuperan en su "vida privada" el poder patriarcal y lo ponen a plena disposición de la acumulación capitalista. Hoy, en el contexto actual, la "ciudadanía europea" es un señuelo propagandístico que agota y pudre buena parte de los esfuerzos de colectivos sinceros pero miopes porque lo que está en juego, en el tema que tratamos, es la lucha frontal entre el sistema patriarco-burgués que refuerza su identidad machista recurriendo a viejos fantasmas y a nuevos contenidos, y la posibilidad de que el movimiento feminista avance en una construcción antipatriarcal y anticapitalista que sustente otros modelos culturales, populares y nacionales superiores a los que construyó y regeneró el capitalismo.

      En esta lucha, la batalla por la "ciudadanía europea" de la mujer tiene que resolver primero el hecho escalofriante de que existen opresiones más atroces que las limitaciones de derechos ciudadanos, aun siendo estos importantes. Pero, lo que está por debajo de esos derechos, es el endurecimiento de una ofensiva contra las mujeres que articula, entre otros, el endurecimiento de su explotación asalariada y su opresión doméstica, su supeditación a la nueva sexualidad penocéntrica, su relegación en la "vida pública" y en las decisiones de todo tipo y, por no extendernos, el reforzamiento de su papel como paridora y como símbolo en los diversos nacionalismo patriarco-burgueses que los Estados opresores reactivan.

      Aunque es importante el debate sobre la "ciudadanía europea" de la mujer, más importantes es combatir y detener el relanzamiento de ideologías irracionales, misóginas y reaccionarias que constituyen el meollo del nacionalismo patriarco-burgués, porque lo que está en juego es el inicio de un proceso de lenta confluencia de los nacionalismos patriarco-burgueses más fuertes hasta constituir una fuerza atractora y centralizadora que homogeinice la ideología del imperialismo europeo que ya defienden abiertamente intelectuales burgueses. Salvando todas las distancias, no sería la primera vez que así ocurre ya que una de las bazas del nazi-fascismo en los treinta fue lograr la aglutinación más o menos sólida de diferentes nacionalismos europeos que incluso se habían enfrentado a muerte entre ellos en la guerra de 1914-1918. Hoy, con la excusa del "enemigo exterior", de l@s emigrantes, y del "enemigo interior", las nacionales oprimidas dentro de la UE, con estas y otras excusas, se está reorganizando la extrema derecha europea,. blanca, capitalista y machista, de forma similar a la de los años treinta aunque no con su intensidad y velocidad, por ahora. Es decir, para no extendernos, la "vuelta del hombre" no es sólo un anuncio publicitario sino una realidad terrible porque, a diferencia del anuncio, ese hombre es el "hombre" adecuado a las necesidades expansivas del capitalismo europeo.

      Por otra parte, la experiencia histórica confirma las batallas decisivas en lo que concierne a las libertades y los derechos no se libran exclusivamente en el marco institucional, como pretende el reformismo, sino en el plano decisivo de las relaciones de poder en los lugares donde se libra la opresión, explotación y dominación. También confirma que las burguesías han utilizado siempre el concepto de "ciudadanía" como un cajón al que por una parte echaban los votos y "derechos" de los explotados y oprimidos, y después de las mujeres, pero del que sacan a la vez sigilosa y eficazmente los poderes reales, los sistemas de decisión práctica y estratégica, los poderes militares y los poderes económicos, etc. El cajón al que aludimos es el parlamentarismo capitalista, que no vale para nada en la vida práctica excepto para aparentar un inexistente "control democrático". Además, existe otra constantes reformista que ha llevado al fracaso, integración, desactivación y/o represión de muchas luchas, y nos referimos a la obsesión por impedir la independencia organizativa y práctica de l@s oprimid@s y sujetarlos a la acción institucional y a la burocracia reformista. Así, desde finales del siglo XIX hasta ahora, mientras el reformismo se obsesionaba por el parlamentarismo, por la "democracia" abstracta, por el supuesto "Estado del bienestar" y ahora por la "ciudadanía europea", la lucha real y decisiva se libraba en la calle, fábricas, cuarteles y también en las casas y en las camas.

      Volvemos aquí al debate anterior sobre las relaciones entre reforma y revolución, entre avances prácticos y reivindicaciones cualitativas. Solamente desde la perspectiva y el proyecto estratégico que plantea la superación histórica de la opresión nacional y social de género, se puede plantear alguna iniciativa "reformista" en el sentido de utilizar la "ciudadanía" como uno de los métodos, junto a otros muchos, de avance liberador hacia fines desbordan y superan la definición oficial de ciudadanía. Recordemos, para acabar, que fue la burguesía la que inventó este término, excluyendo de él a las mujeres, trabajadores y naciones oprimidas, y que les fue reconociendo ese "título" sólo cuando las reivindicaciones eran tan fuertes que había que apagarlas de algún modo, y eso se lograba abriéndoles la puerta a un edifico vetusto y vaciado de todo poder efectivo, el Parlamento.


      5-4).- Mujer trabajadora y nación no patriarcal.

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